18 de noviembre de 2017

A un niño somalí

(Foto de la red)


La piel seca como la tierra seca.
La tierra seca  es el único abrazo
de tu madre desde su tumba,
es tu  hogar aún en la miseria.

Quieres llorar para beberte tus lágrimas,
pero  no sabes ya,  no puedes.
Ya no produces  lágrimas que alivien
con  engañosa sal  la sed de vida.
Los  huesos frágiles y  pronunciados de  tu cuerpo
aseguran  el triunfo en pocas horas de la muerte.

Y  en la distancia, a muchos kilómetros de ti,
un  niño malcriado le arroja impertinente
la comida a su madre y llora
lágrimas de cocodrilo.

Morirás sin verlo, por fortuna.

¿ Qué puñalada sentirías si pudieras observar
el derroche que vive al otro lado de la Tierra?

¿Abrirías la boca tanto como pudieras
intentando ser canasta de ese bocado
que desprecian los que no tienen conciencia?

¿ Lograrías esa lágrima perdida
que ansías cada día en tu plegaria?
No. Morirías de dolor, probablemente.

Del dolor que punza el alma al descubrirse
invisible  para los otros;
del  dolor de ver unos ojos helados
y ciegos por voluntad propia
que dicen sin palabras:

“Mejor así.  Que mueras invisible.
Al otro lado, no necesitamos
sufrir el sinsabor de tu agonía”


( Poemario: " No es lugar éste para vivirlo")

9 de octubre de 2016

Cerdos




Nadie miraba.
La niña no sabía,
no podía saber.
Era sólo una niña.

Una mano muy sucia
deslizándose
entre sus piernas.

Otra mano asquerosa
manoseando
sus infantiles senos.

Después...
ya no recuerda.
No puede.
No quiere.

Muchas más niñas
tras esa niña
y antes de la niña...
que no saben.
Que no pueden saber.

Son sólo niñas
que ríen
en su ignorancia
mundos azules.
 
Y él sigue allí.
Niña tras niña.
Matando infancias.
 
Él sabía.
Él sabe,
aunque no quiera saber.


(Poemario: " No es lugar éste para vivirlo")

2 de octubre de 2016

El timo

( Foto de la red)

Me azuza la punzada en el estómago,
la viva puñalada del traidor
clavándose con fuerza por la espalda.

Me rugen las verdades en las tripas
como leonas fieras e implacables
que sólo callarán cuando se sacien.

De pronto en el castillo ya no habita
aquel príncipe azul que prometía
amar hasta más lejos de la muerte,

ni encuentro esa mirada que envolvía
cualquier instante triste con un beso
haciendo de mi vida un paraíso.

En su lugar hay alguien que no habla,
que esconde tras las uñas sus derrotas,
que juega a ser -de pronto -un alma libre.

Hay un desconocido que desciende
por el balcón lejano cada noche
y huele a dentellada cuando vuelve.

He sido -como tantos- estafada:
me vendieron amor sin dar factura
y ahora ya no puedo reclamarlo.
 
 
( Poemario: "Bolsillos que dejan caer las cosas")

1 de octubre de 2016

El gozo de ser